¡Que difícil es educar y dar alas!

Es, sin duda, el aprendizaje más grande y el reto más poderoso que me he encontrado en la vida.

Quiero educar a mis hijos dándoles libertad, les quiero dar ALAS, quiero que vivan su vida.  Sin embargo,  les tengo que educar.  Este pensamiento me plantea muchas preguntas:

¿Cómo lo hago?

¿Dónde está el termino medio?

¿Qué mensajes y que palabras se les quedan?

¿Cómo pongo límites dejando libertad?

¿Soy demasiado permisiva?

Conseguir el equilibrio cuesta mucho y sin darte cuenta, a veces,  inclinas la balanza  hacia algún lado.

Yo soy maestra (entre otras cosase ingenua de mi, cuando era jovencita pensaba que sabía mucho sobre como educar a un infante. Y si, efectivamente sabía mucho, de cómo poner normas, de cómo enseñarles a comportarse en sociedad, a respetar todo y a todos y demás menesteres de urbanidad. Pero no sabía como influían todos estos asuntos   que trataba de enseñarles en su mente inconsciente, en esas mentes incorruptas, que todo lo absorben. No sabía que todo aquello que recibieran de mi como madre, iba a determinar algún día sus emociones, sus sentimientos y su forma de afrontar la vida  por la manera en que les había transmitido toda esa educación de la que hablaba.

Con el paso de los años, al ser madre, pero sobre todo al hacerme terapeuta, he descubierto que educar conlleva muchos más factores que reglas, normas y respeto.  He descubierto  cómo influimos en el inconsciente de los pequeños,  cómo  todas las vivencias, todos los mensajes, todas las acciones que llevamos a cabo con ellos  tienen  repercusión,  les llevan a comportarse de una determinada forma de adultos, a tener unas determinadas reacciones  ante sus parejas, ante compañeros, es decir en todas sus relaciones sociales.

Por esta encrucijada en la que me siento les he escrito una carta a mis hijos que quiero compartir aquí, porque creo que a más de una persona le puede ayudar en este difícil camino.

A mis hijos:

“Desde el momento en que os sentí en mi vientre algo me dijo que no erais míos, que era un regalo que me había hecho la vida para disfrutaros (o sufriros a ratos ;)) para ayudaros a crecer, a ser independientes y a vivir vuestra propia vida eligiendo lo que creáis más correcto para vuestra felicidad.

Hijos, se que no sois míos, que estáis de paso en mi vida, sin embargo os quiero enseñar a ser buenas personas, a que seáis felices, pero sobre todo que viváis vuestra propia vida.  ¡Uf! y en ese camino me está costando mucho poner el equilibrio perfecto entre educar y dar libertad. Educar porque quiero que seáis personas honradas, sensatas, consecuentes, respetuosas, amorosas, alegres, disfrutas….. pero sabiendo que sois libres para elegir de todo ese abanico que os enseño lo que más os convenga.

Os quiero enseñar que no tenéis que vivir mi vida, sin embargo soy vuestro modelo, tanto para lo bueno como para lo malo, sabiendo que esto marca y ya es una dificultad para dar total libertad, porque mis actos os condicionan, os marcan y de ellos sacáis vuestros propios esquemas mentales, con lo cual estoy influyendo en vosotros, quizás más de lo que me gustaría. Me resulta tan difícil educaros y enseñaros sin influir en vuestros pensamientos, en vuestra mente,  en vuestro ser, que a veces no se muy bien por donde seguir o como actuar.

Y ahora que se algo más de como educar emocionalmente tengo más miedos:

  • Ahora tengo miedo, porque no quiero que perdáis  “vuestro SER” vuestra personalidad pura, vuestra esencia.
  • Ahora tengo miedo, porque se lo que es perder la pureza por las vivencias de la infancia. Por aquello que se impregna a fuego en esas cabecitas vírgenes.
  • Ahora tengo miedo, porque se que esos pensamientos que están calando en vuestro inconsciente, están como la lava de un volcán latente que de repente un día entra en erupción sin saber muy bien porque. Aquello que puede salir el día menos esperado cuando eres adulto haciéndote daño, mucho daño.
  • Tengo miedo de que mis palabras y/o mis actos os duelan y dejen una huella difícil de borrar de dolor emocional, que es el peor, porque es el que más marca.
  • Tengo miedo de influir en vuestros pensamientos y que sean más míos que vuestros.

Lo que más me gustaría como madre es conseguir  que seáis puros, ya que cada alma es única e individual. Pero se que mi influencia, la de vuestro padre, la de profesores, abuelos  y monitores que forman parte de vuestra infancia os influyen en mayor o menor medida en vuestras ideas, en vuestra evolución y esto al final son contaminaciones, de las que aprendemos pero también hay que tener cuidado porque muchas de ellas pueden desviar tu propia esencia.

Os digo que es una encrucijada muy difícil la de educaros sin influir en el modelado de vuestros pensamientos. Es sin duda la misión más importante que puede tener una madre.

Ahora que soy consciente de cómo influyen mis palabras en vosotros, analizando todo lo que os he dicho hasta ahora, lo que os he transmitido con mis sentimientos, con mis actos, con mis actitudes… cuando erais más pequeños y no tenía este conocimiento, cuanto menos me arrepiento de muchas cosas de las que he hecho. Me arrepiento de muchas palabras (que no se las lleva el viento, se quedan en vuestra mente) de muchas acciones que he hecho con vosotros y sigo haciendo a sabiendas que no son buenas para vosotros o que no son el mejor ejemplo, pero es que yo también tengo un inconsciente lleno de patrones que no siempre soy capaz de cambiar. Sigo equivocandome (aunque cada vez menos) porque me cuesta  limpiar mi propio inconsciente de todo lo que tengo grabado. Ahora no lo sabéis y todavía no es el momento, pero algún día os contaré lo que me toco vivir en su infancia, vivencias que me marcaron, aun teniendo unos padres que me adoraban y querían lo mejor para mi, aún así se puede sufrir. En ese camino de ser padres nos equivocamos, mis padres se equivocaron y yo me equivoco…

Todas estas vivencias acompañadas de su respectivos diálogo van a marcar vuestras vidas, vuestras futuras reacciones, vuestras respuestas ante la vida, vuestras futuras relaciones, asunto que me preocupa por si no lo estoy haciendo bien.

Me cuesta pensar que os pueda limitar demasiado, que vuestra mente tenga ya demasiados bits que os puedan influir de una forma negativa en vuestras vidas.

Mi deseo ferviente es que viváis vuestro sueño, que sepáis sacar las alas y volar siempre que queráis. Espero que esos comentarios que algún día os hice, esas charlas que tuvimos, esos enfados o esas regañinas salidas de tono, no os corten las alas ni un poquito para llegar al vuelo más alto, para conseguir el sueño deseado, anhelado por todo ser humano pudiendo así  “vivir en paz, desde la esencia y el ser”. Esa es la gran libertad y el legado que os quiero dejar, a pesar de que se que no lo estoy haciendo  bien del todo.

Solo quiero pediros una cosa, que me dejéis acompañaros en ese vuelo, en ese sueño. Desde la comprensión, la ilusión y sobre todo desde el amor profundo que siento por vosotros. Sin dependencias, sin obligaciones, desde la libertad, desde el amor.

Creo que nuestra gran suerte, mi gran suerte es que haya llegado a nuestra vida la sabiduría que nos aporta el Tapping, el Ho’oponopono, el espíritu Huna y otras técnicas que me han hecho ver y vivir la vida de otra forma, esa nueva forma que trato de transmitiros ahora, no de imponeros, esa forma que veo en pequeños gestos que va calando en vosotros para que tengáis más fuerza a la hora de volar totalmente solos. La combinación de estas técnicas me ha dado la paz y el saber suficientes para ser muy consciente de lo que estoy haciendo mal pudiéndolo enmendarlo. Técnicas que me permiten borrar toda esa “basura” que he metido en vuestras cabecitas sin darme cuenta de lo que hacía, es una ventaja tan grande, que se que ahora no siempre apreciáis pero que el paso de los años os hará valorar todo lo bueno que os han aportado.

Por eso tengo gratitud eterna a aquellas personas que han ido apareciendo en mi camino aportándome cada una de ellas un nuevo saber, para llegar a sentirme como ahora me siento. FELIZ Y EN PAZ.

Os quiero con locura, aunque sin ataduras.

Mamá».

Pongo  este video, que de forma muy tierna deja muy claro como influyes en tus hijos y como hay que dejarles tomar su propio camino… Eso si, ¡que no se les ocurra a mis hijos hacerse de Barça! ;)

 

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